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Quintos eran llamados los jóvenes que a raíz del procedimiento arbitrado desde 1704, con precedentes en el siglo anterior, para cumplir el Servicio Militar: tenían obligación de cumplirlo uno de cada cinco jóvenes varones en edad militar, y de ahí la denominación.1

El sorteo se celebraba el primer domingo de abril y los desafortunados que sacaban la bola negra eran declarados soldados. Las blancas, eximían de la obligación. Ese momento fatal, el azar en forma de bolita decidía, a veces literalmente, sobre la vida o la condena a muerte de una persona. Así, por ejemplo, el cante flamenco ha conservado la memoria de ese trance, con el sentimiento trágico consustancial a algunos de sus palos. Así, esta letra que suelen cantar por bulerías los cantaores de La Plazuela de Jerez de la Frontera (Cádiz):2

Vueltecita al bombo,
que siempre sale la bola negra,
la bolita negra,
que yo me voy pa’l otro mundo
con la carita descompuesta.

La exención por cuota de los quintos pudientes, frente al servicio militar discriminatorio para la mayoría de clases humildes dejó una huella indeleble en la cultura hispana, lo que nos permite entender en la cancioncilla de Talaván (Cáceres) que comienza:

Si te toca te jodes
que te tienes que ir
que tu madre no tiene
seis mil reales p’a ti.

se refería, en perfecta coherencia histórica, al precio que costaba redimir a un quinto según la Ley de 25 de marzo de 1869, que la rebajó en dos mil (p. 76).

Una vez celebrado el sorteo, los mozos eran convocados al negociado de quintas de los ayuntamientos para inscribirse donde eran medidos, examinados y registrados en el libro de quintas, quedando reclutados hasta ser llamados a filas.

En el caso concreto que me ocupa, el uso de los libros de quintas ha sido determinante para avanzar en la investigación. Gracias a ello he podido saber las características fisiológicas de mis antepasados y familiares, así como quienes eran sus padres, sus domicilios, sus destinos y suertes;

En 1878, Juan Antonio “Rabaez” Escala, primo de mi bisabuelo, alegó tener un hermano llamado José, quinta de 1875, sirviendo en el Regimiento Batallón de Cazadores de Ávila núm. 40 destinado a la Isla de Cuba. No se volvió a saber de él.3

José “Ravaez” Jiménez, primo de mi bisabuelo, fue tallado el 16 de abril de 1868, año en el que estalla la guerra con Cuba. En el padrón de habitantes de 1870, en la columna a la que hace referencia a los jóvenes de 21 a 25 años, donde se expresa el punto y fecha en que haya corrido la suerte para el reemplazo del ejército, dice… “Este individuo es soldado del Regimiento de la Habana y le tocó la suerte en la iglesia parroquial de San Gil”. Menuda suerte!!! Tampoco se supo más de él.

Sin embargo,  la verdadera suerte la tuvo mi bisabuelo, que quedó libre por el número, tal y como indica el Padrón de Habitantes de 1890, año de su quinta.

Real Orden de 7 de marzo de 1705.

LORENZO ARRIBAS, Josemi. “Los quintos, el papel de la tradición, y otras consideraciones (im)pertinentes, con un libro de la Fundación Joaquín Díaz de fondo”. Culturas Populares. Revista Electrónica 8 (enero-junio 2009), 12pp.

Guerra de los diez años.

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